Si en el artículo anterior hablamos sobre la tediosa fatiga pandémica y sus secuelas emocionales y sociales, hoy quiero hablaros de algo en lo que también ha influido, de algún modo, esta crisis sanitaria de la COVID-19: nuestros hábitos alimenticios.
Desde que tuvimos que quedarnos en casa hasta el día de hoy por el fastidioso coronavirus, hemos visto como nuestras cocinas se llenaban de postres caseros, hemos aumentado la cantidad de nuestras comidas y muchos de nosotros dejamos de lado la actividad física. Todos estos cambios, sumados a los bajos estados emocionales ocasionados por la incertidumbre, el desasosiego y el cansancio, nos han llevado a un estado de desconexión con nuestros hábitos saludables, afectando también a nuestro modo de comer.
Puede que muchos de nosotros llevásemos ya un tiempo sin ser conscientes de nuestras necesidades nutricionales, comiendo “por comer” por culpa del aburrimiento o siempre con prisas, automatizando la comida.
Después de plantearos todo esto os pregunto ¿alguna vez habéis pensado en la manera que tenéis de comer?, ¿cuándo fue la última vez que comisteis disfrutando cada bocado?
Esa “manera de comer” de la que hablamos se refiere a la velocidad de masticación que usamos, la cantidad de comida que ingerimos en cada bocado o las emociones que tenemos durante las comidas.
¿Coméis cuando os sentís mal? Querer comernos un bote de helado entero porque estamos tristes, o perder por completo el apetito debido a una situación angustiosa, son conductas que todos hemos llevado a cabo de una u otra manera a lo largo de nuestra vida. Y eso nos pasa porque nuestras emociones juegan un papel importante cuando hablamos de comida.
Desde el mindful eating tratamos de reconectar con ese lado consciente y necesario para tener una alimentación más saludable y equilibrada a todos los niveles. No hablamos de una dieta, ni de una corriente alimenticia que nos prohíbe alimentos; con el mindful eating lo que se promueve es comer desde la experiencia de los sabores, la apreciación de las texturas y la reconexión con el acto de comer.
Al igual que el mindfulness nos devuelve a la toma de conciencia de nuestro momento presente, con el mindful eating nos retrotraemos a ese lado olvidado de la comida como ritual, como sustento de nuestro hogar: el cuerpo.
Esta práctica a la hora de comer y de disfrutar de los alimentos puede formar parte de nuestro día a día, con gestos sencillos que pueden perdurar en nuestra vida. Os voy a proponer un ejercicio sencillo para que vayamos introduciéndonos en la práctica del mindful eating, detallado paso a paso:
El chocolate de la conciencia:

Para esta práctica quiero que tomemos un trozo de chocolate y nos lo comamos. Pero no del modo en el que lo hacemos normalmente, quiero que esta vez, esa onza de chocolate suponga una experiencia en si misma.
- Tomad el trozo de chocolate en las manos, con los ojos cerrados. Sentid su temperatura, acercadlo a vuestro rostro y oled su aroma. Notad su peso, su textura. ¿Cómo huele?,¿a qué temperatura está?,¿os apetece?
- Aproximad la pieza de chocolate a vuestra boca, y dadle un pequeño mordisco, conservando el resto para más tarde. Mantened el chocolate en la lengua, sin masticarlo, sintiendo como se va derritiendo, como se convierte en una nueva experiencia, cargada de matices en vuestro paladar, llena de sabor.
- Moved el chocolate por vuestra boca, mientras se derrite y se funde poco a poco. Tomad una respiración profunda y dejad que se termine de mezclar en vuestra boca. ¿Cómo os sentís?
- Continuad con esta experiencia hasta finalizar vuestra pequeña onza.
Que vivimos acelerados es una realidad, como también lo es que la comida se convierte cada día en un momento más, sin mayor trascendencia. Pequeños gestos como incluir el mindful eating en nuestras vidas nos puede suponer un cambio de perspectiva hacia una experiencia vital más plena y satisfactoria. Lo podemos poner en práctica al hacernos y tomarnos un café por la mañana, con una pieza de fruta o simplemente comiendo nuestro almuerzo, cualquier momento es perfecto para sentirnos más conectados y mejor con nosotros mismos.
¿Os animáis a practicar el mindful eating en vuestro día a día? Espero que esta práctica os ayude a reconectar, ya que comer es algo esencial y hacerlo de manera plena puede suponernos una gran fuente de bienestar.
Marta Rubio
*Si no sientes que tu relación con la comida sea saludable, recuerda que la terapia psicológica puede jugar un papel fundamental en tu reconciliación con los alimentos, ayudándote en tu día a día y suponiendo una gran mejora en tu calidad de vida. Te escucho*



