Ponte en situación: Tienes que entregar un trabajo en dos semanas, y en estos momentos tienes tiempo para hacerlo. Algo de repente cruza tu cabeza: mañana me pongo, tengo mucho tiempo.
¿Te ha pasado alguna vez? ¿Sientes que esta idea podría ser tuya? A esto desde la psicología lo llamamos procrastinar, y es algo mucho más común de lo que nos imaginamos.
Quizás lo importante aquí sería plantearnos en qué nivel de procrastinación estamos, cómo afecta a nuestra calidad de vida no hacer las cosas a tiempo y sobre todo cómo de frecuente es en nuestra rutina. Así, no será lo mismo que en un momento puntual no hagamos algo con previsión y se nos eche el tiempo encima, a dejar por sistema para última hora lo que debemos hacer y acabar con la ansiedad hasta el cuello.
Importante sería también reseñar que, cuando hablamos de procrastinación, podemos hacer referencia a dos tipos diferentes: una pasiva y otra activa.
En el caso de la procrastinación pasiva solemos hacerla de manera “inconsciente”y nos sale casi sin pensar, sin darnos cuenta de que estamos dejando de lado la tarea; sería ese “luego lo hago, que ahora estoy liado/a”. Sin embargo, cuando hablamos de procrastinación activa nos enfrentamos a algo totalmente diferente y hablaremos aquí de personas que rinden mejor bajo grandes cantidades de presión y que, de manera consciente, se empujan a esperar hasta el último momento porque saben que van ser así más productivos.
¿Qué nos lleva a procrastinar?
Muchos de nosotros somos procrastinadores desde niños y no sabemos de dónde nos viene esa necesidad de postergar las cosas, por lo que procrastinar nos sale de manera automática y no nos hemos planteado nunca por qué al final acabamos siempre igual, aunque en el fondo queramos dejar de hacerlo.
Esto se debe a que en muchos casos la procrastinación no es más que la manifestación de una emoción o un estado mental particular. Con esto me refiero a que, sin darnos cuenta, al procrastinar estamos dando rienda suelta a nuestra cabeza, que nos manda señales concretas que nos hablan de:
- Miedo al fracaso: Si nos asusta equivocarnos, porque sentimos que si fallamos todo está perdido, en lugar de aprender de nuestros fallos, puede que nuestro cerebro nos esté limitando con mensajes como: “¿para qué ponerme con tiempo a estudiar el examen, si realmente luego voy a suspender igual?” ó “¿me merece realmente la pena esforzarme para no conseguirlo? Va a ser una pérdida de tiempo.” Procrastinando estamos dejando de afrontar ese miedo a fallar, evitando la posibilidad de fallo.
- Baja autoestima/ Inseguridad: Al sentirnos pequeños o inferiores cuando tenemos baja nuestra autoestima, la procrastinación muchas veces viene sola. Pensamos que no lo vamos a poder hacer bien, que no somos suficientes y que seguro no podremos tener las habilidades necesarias. Para abordar esto sería necesario trabajar la autoestima de la mano de un/a terapeuta.
- Expectativas poco realistas: Clásico donde los haya. Pensar que la tarea que estamos postergando “no es para tanto” o “no nos va a requerir tanto tiempo” es un ejemplo claro de procrastinación. Al no saber ajustar nuestras expectativas con la realidad que requiere la tarea, la postergaremos, retrasando hasta el límite su realización. Esto puede sucedernos exactamente igual a la inversa, tachando una tarea de muy dificultosa sin saberlo realmente y retrasando el hacerla.
- Necesidad de refuerzo inmediato / Tarea aburrida: ¿Qué es mejor, ver una serie que te apetece y cenar tranquilamente o pringarte hasta el fondo haciendo un proyecto de tu trabajo que no te apetece? Ahí tienes la respuesta: esto es procrastinar. El refuerzo al ver algo que nos apetece es inmediato y supera a la ansiedad que el hecho de no hacer la tarea nos provoca en ese momento.
- Perfeccionismo: “Da igual cuando te pongas, no vas a hacerlo perfecto ni aunque empezases ahora” Si somos personas perfeccionistas, nos exigiremos tanto al llevar a cabo cualquier tarea que la complicación de hacerlo todo perfecto nos llevará a procrastinar. Aprender a flexibilizar será clave para superar este tipo de procrastinación.
¿Cómo puedo dejar de lado la procrastinación?
Llegados a este punto muchos os preguntaréis cómo podéis remediar esa tendencia a dejarlo todo para última hora que tanta ansiedad os causa. No voy a mentiros, es una tarea que requiere trabajo, disciplina y mucha motivación, pero SE PUEDE SALIR de ese círculo infinito que es procrastinar.
A continuación os dejo 3 trucos para empezar a trabajar desde ya vuestro cambio:
- Organiza bien el tiempo del que dispones para llevar a cabo la tarea: Sabiendo cuánto tiempo tienes para hacer las cosas (ajustando el cálculo a la dificultad real de la actividad) podrás empezar a afrontar tu tendencia a la procrastinación.
- Ponte distintas metas y prémiate por conseguirlas: Dividir las tareas en metas más pequeñas nos ayuda a sentirnos más satisfechos/as mientras las hacemos. Así, si tienes que entregar un trabajo o estudiar para un examen, establecer logros pequeños como acabar el primer folio o estudiar el primer tema puede hacernos sentir mejor. Además si acompañamos esto de algún refuerzo (como ver una película que nos guste al final, jugar a un juego, hacer yoga, pasear….) nos sentiremos más capaces y satisfechos/as.
- Trabaja tu miedo al fracaso y a fallar: Este sería uno de los ejes más importantes a la hora de afrontar la procrastinación, ya que muchas veces por no fallar dejamos de lado las cosas hasta el final. Exponerte a él haciendo de manera consciente el esfuerzo de realizar las tareas te demostrará que puedes hacerlo.
Recuerda que siempre puedes recurrir a terapia si esto supone un problema para ti. Déjame en comentarios si tienes algún truco contra la procrastinación o simplemente si quieres compartir tu experiencia sobre este tema tan común y olvidado a la vez.
¡Nos vemos en la siguiente publicación!
Marta Rubio



